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EL HIPOACUSICO: VIVIR EN FAMILIA

aural cepedal chiclana

En nuestro primer artículo queremos hacer una presentación y resumen de las experiencias que hemos vivido durante estos 15 años de experiencia. ¿Qué mueve a una persona hipoacúsica a entrar en un gabinete audiológico?, ¿Qué piensa y que siente cuando está sentado delante de un profesional que le explica y le ayuda a entender lo que pasa?. Y sus familiares… ¿qué significa vivir con un hipoacúsico?, ¿en qué condiciona tu vida?.

Todas estas cuestiones no solemos planteárnoslas si no tenemos cerca a una persona con pérdida auditiva. No conseguimos imaginar que una persona hipoacúsica profunda no escucha su voz cuando habla, o que una persona que haya trabajado en ruido y tenga una pérdida en sonidos agudos, no escucha a los pájaros cantar o el llanto de un bebé salvo que esté cerca, o que el sonido de la cisterna o de un grifo no lo escuchan como un norma oyente.

Son detalles del día a día, sonidos que las personas que oímos bien no valoramos, los damos por naturales y cotidianos pero las personas con pérdida auditiva no oyen o los escuchan de otra forma, dependiendo del tipo de hipoacusia que tenga.

perdida-auditiva-2

La persona hipoacúsica que no tiene una audición correcta, salvo en casos de un traumatismo, suele ir progresivamente perdiendo esa capacidad auditiva. Por tanto, su propio cuerpo de forma instintiva va buscando alternativas y recursos para continuar comunicándose y estar socialmente integrado. A la vez que ocurre esto, en el hipoacúsic@, sus familias van notando detalles que les dan la pista de que algo falla, síntomas como que: el volumen de la televisión es cada vez más alto, que cuando está lejos y lo llaman, no contesta, que no siempre entiende correctamente y a la primera lo que se le dice, comienza a no querer estar en reuniones porque le cuesta seguir la conversación en ambientes de ruido, que se vuelve desconfiad@, le cambia el humor. En definitiva, el hipoacúsic@, se aisla.
Vivir con un hipoacúsic@ y a su vez vivir, con un norma oyente supone un esfuerzo por ambas partes, una padece y sufre la deficiencia auditiva y la otra padece y debe acostumbrarse a repetir las cosas varias veces, a subir el tono de voz, a acercarse al hipoacúsic@ para asegurarse que recibe el mensaje, a escuchar la televisión a un volumen superior al que él elegiría, a llamar varias veces por teléfono, porque no escucha el timbre de la llamada, cuestión ésta, que a veces puede llevar a un susto…

Todo lo expuesto justifica que en el 80% de los casos el hipoacúsico acude al centro auditivo a realizarse las pruebas un poco “obligado” por sus familiares. Son ellos los primeros que quieren ayudarle, que quieren y necesitan tenerl@ de nuevo integrado, participando en las reuniones familiares y con una vida social activa.

En el momento que la persona con pérdida auditiva está delante de su Audiólog@ Protésic@, ve claramente su realidad, se le explica qué le pasa y por qué y sobre todo, se le ofrece la solución: la adaptación de unas prótesis auditivas. En ese momento es cuando cambia su vida de nuevo. La expresión de su cara se relaja y vuelve a sentirse útil y participativ@, vuelve a disfrutar de todo lo que tiene a su alrededor, sus amig@s, sus hobbies, y su familia.

Por eso os animo a revisaros la audición, podemos ayudaros a escuchar de vida, somos profesionales y nuestro único objetivo es velar por una salud auditiva óptima.

no solemos planteárnoslas si no tenemos cerca a una persona con pérdida auditiva. No conseguimos imaginar que un hipoacúsic@ profund@ no escucha su voz cuando habla, o que una persona que haya trabajado en ruido y tenga una pérdida en sonidos agudos, no escucha a los pájaros cantar o el llanto de un bebé salvo que esté cerca, o que el sonido de la cisterna o de un grifo no lo escuchan como un norma oyente.

Son detalles del día a día, sonidos que las personas que oímos bien no valoramos, los damos por naturales y cotidianos pero las personas con pérdida auditiva no oyen o los escuchan de otra forma, dependiendo del tipo de hipoacusia que tenga.

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El individuo que no tiene una audición correcta, salvo en casos de un traumatismo, suele ir progresivamente perdiendo esa capacidad auditiva. Por tanto, su propio cuerpo de forma instintiva va buscando alternativas y recursos para continuar comunicándose y estar socialmente integrado. A la vez que ocurre esto, en el hipoacúsic@, sus familias van notando detalles que les dan la pista de que algo falla, síntomas como que: el volumen de la televisión es cada vez más alto, que cuando está lejos y lo llaman, no contesta, que no siempre entiende correctamente y a la primera lo que se le dice, comienza a no querer estar en reuniones porque le cuesta seguir la conversación en ambientes de ruido, que se vuelve desconfiad@, le cambia el humor. En definitiva, el hipoacúsic@, se aisla.
Vivir con un hipoacúsic@ y a su vez vivir, con un norma oyente supone un esfuerzo por ambas partes, una padece y sufre la deficiencia auditiva y la otra padece y debe acostumbrarse a repetir las cosas varias veces, a subir el tono de voz, a acercarse al hipoacúsic@ para asegurarse que recibe el mensaje, a escuchar la televisión a un volumen superior al que él elegiría, a llamar varias veces por teléfono, porque no escucha el timbre de la llamada, cuestión ésta, que a veces puede llevar a un susto…

Todo lo expuesto justifica que en el 80% de los casos el hipoacúsico acude al centro auditivo a realizarse las pruebas un poco “obligado” por sus familiares. Son ellos los primeros que quieren ayudarle, que quieren y necesitan tenerl@ de nuevo integrado, participando en las reuniones familiares y con una vida social activa.

En el momento que la persona con pérdida auditiva está delante de su Audiólog@ Protésic@, ve claramente su realidad, se le explica qué le pasa y por qué y sobre todo, se le ofrece la solución: la adaptación de unas prótesis auditivas. En ese momento es cuando cambia su vida de nuevo. La expresión de su cara se relaja y vuelve a sentirse útil y participativ@, vuelve a disfrutar de todo lo que tiene a su alrededor, sus amig@s, sus hobbies, y su familia.

Por eso os animo a revisaros la audición, podemos ayudaros a escuchar de vida, somos profesionales y nuestro único objetivo es velar por una salud auditiva óptima.

¿Tienes alguna consulta o necesitas ayuda para tratar dificultades auditivas?

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